sábado, 12 de enero de 2013

Clasificación no oficiosa de carteras de consenso de Expansión

Durante mi estancia en Inverseguros, fui el responsable de la contribución al ranking de carteras -una simulación basada en la aportación de elecciones de distintas casas de análisis- hasta el cierre del área de renta variable en octubre de 2012. Precisamente ese año, la cartera propuesta finalizó en segunda posición tras IG Markets, siendo la cartera más destacada del segundo semestre con una importante diferencia. 

Me parece interesante resaltar el mérito mio y de mis compañeros por aquel entonces en el Departamento de Análisis. Lamentablemente el cierre del área impidió el reconocimiento a una labor de muchos años por lo que aquí dejo un recuerdo a lo que siempre fue una participación exitosa.

jueves, 10 de enero de 2013

Los toros abren el año

Los altos alcanzados por el S&P la semana pasada están abriendo un interesante debate como les gusta decir a los americanos entre toros y osos, es decir, entre alcistas y bajistas. No hay nada como superar un posible punto de inflexión, como fue el ultimátum en el que se hizo creer que estaba la economía americana con el abismo fiscal, para ver aparecer a los alcistas llamando a filas.

Es indudable que la apuesta por el riesgo tiene que acabar entrando sí o sí en el debate sobre las políticas de inversión de los gestores, pero no tan rápido, señores, no tan rápido. Vivimos un ciclo de tipos ultrabajos en el que la compra de “seguridad” apenas cubre la inflación en el mejor de los casos, pues las curvas de países como Alemania o Estados Unidos siguen pagando rentabilidades reales negativas, y eso debe alentar el debate del rebalanceo de carteras. Es cierto que el reciente rally alcista de la deuda soberana de España e Italia, ha propiciado abrir algo más el abanico de inversión y ya se ven apuestas algo menos conservadoras, pero ir muy rápido fuera de pista es un peligro.



Volviendo a Estados Unidos, la importancia de si se abrirá una nueva etapa de máximos es crucial pues es la única bolsa que puede actuar de catalizador de las europeas, ya que nuestros mercados son incapaces de ordenar el rompecabezas que es hoy Europa desde un punto de vista estrictamente inversor. Sobre todo, mientras el BCE siga siendo el garante de la burbuja de liquidez en la que vivimos, ya que solo él es responsable único del rally reciente, después de estabilizar el corto plazo simplemente con una promesa de intervención. Nadie confía tampoco en la vía política y eso cierra muchas alternativas, dejando a la mayoría atrapados en el rebaño o en la duda sobre qué hacer.

Es por ello que echar un vistazo a la bolsa americana puede ayudar a tomar alguna decisión táctica en este comienzo de año. De entrada, hemos visto altos acompañados de una importante bajada de volatilidad, cuya tendencia sí que es llamativa pues muestra una teórica vuelta a un mercado alcista que en apariencia es de libro.





La macro ha venido acompañando en los últimos meses muy de la mano de indicadores adelantados que han dado señales de robustez, atenuando ambos una evidente desaceleración, además de maquillar el hecho de que la economía americana pierde fuelle y el crecimiento estará por debajo de su potencial. A eso hay que añadirle el factor cualitativo de la reciente negociación por el precipicio fiscal que, insisto, ha sido más un bálsamo que otra cosa, pues supone posponer el verdadero problema de deuda que deberán afrontar el Tesoro y la Fed, y que sin duda abrirá el siguiente capítulo de tensión en los mercados, ya veremos cuándo.

El caso es que para tener claro el posicionamiento, como siempre, hay que saber cuál es el objetivo. Mi modelo de valoración de beneficios usando tasas de descuento ajustadas al riesgo, marca un objetivo a diciembre de 1.565 puntos para el S&P, bajo una premisa de crecimiento algo más débil de lo previsto. Si elevamos algo el potencial de crecimiento, aunque ello suponga dar la razón condicionada a los bullish, podríamos estar hablando de un objetivo para diciembre de 1.670 puntos, escenario al que le asigno una probabilidad baja de momento.


La siguiente cuestión es entender cuánto estaríamos pagando por esos beneficios y si la bolsa americana está realmente en niveles de compra después de un año de subidas culminado en máximos. Para ello, he basado mi análisis en un modelo tradicional como es el Earnings Yield Gap, que básicamente indica cómo de barata está la renta variable frente a la renta fija. Si la diferencia es positiva, es decir, la escala se mueve en números naturales positivos, da una señal a favor de la renta variable, y cuanto más elevada sea la progresión, más consistente será esa evidencia. Como vemos, ese diferencial actualmente se mueve dos desviaciones por encima del promedio de la última década por lo que, siendo simplistas, un gestor que evalúe elevar o reducir los pesos en renta variable y fija, debería decantarse por incrementar la sobreponderación en acciones del S&P.


En cuanto a si se compra barato o no, creo que la opción de entrar en un índice pagando un multiplicador de 13 veces los beneficios, frente a una media histórica de 15, es cuando menos atractiva. Pero ojo, si reconsideramos el PER del S&P a una perspectiva de largo plazo mediante el Shiller PE ratio, el PER como lo conocemos pero ajustado a ciclo, el retorno teórico ya no se presenta tan atractivo y, además, coincide more or less con el potencial que antes comentaba asigno al índice.

 


¿Y los dividendos? Teóricamente, apoyaría una decisión de elevar el peso en renta variable americana. Durante la mayor parte del año pasado la rentabilidad por dividendo del S&P batió al treasury, y ese diferencial se muestra muy alejado del promedio en la década. Lo más probable es que hasta que los inversores detecten un cambio en la política de la Fed, muy posiblemente antes de lo que muchos piensan, ese diferencial se mantenga como consecuencia de la enorme liquidez que las empresas americanas están atesorando en sus balances, cuya alternativa precisamente es invertir en deuda con rentabilidad real negativa. Por tanto, lo más lógico es que gran parte de esa caja se siga transfiriendo a los accionistas en forma de dividendo para que ellos asuman los impuestos y jueguen su coste del capital de la manera que mejor crean.
Así pues, a grandes rasgos se podría decir que la apuesta por la bolsa americana, tras su comportamiento alcista en 2012 y a pesar del buen comienzo de año con losbullish inundando los mercados, es todavía defendible. Creo que es razonable tener exposición al dólar y a Estados Unidos si buscamos alternativas al euro y a la deuda pero, sobre todo, como apuesta relativa a las bolsas europeas. ¿Estaría agresivamente sobreponderado en bolsa americana? No, y lo afirmo porque estoy convencido de que vamos a vivir un año de rangos. Es muy probable que la bolsa americana sufra una corrección en el corto plazo que pueda torcer la euforia inicial destapada y que el sentimiento de mercado se quiebre. Y pienso que será así por esa teoría del rebaño a la que siempre aludo y que demuestra que la moda ahora es ser alcista. 

Artículo publicado en Cotizalia (10/11/2013)

jueves, 3 de enero de 2013

El callejón sin salida de las preferentes




El pasado miércoles preparaba mi intervención en un telediario matinal y revisando la prensa del día me topé con el último episodio de este decepcionante a más no poder Gobierno popular, ahora en relación a las participaciones preferentes. Resulta que la última ocurrencia del ministerio de finanzas es dar una patada adelante con esta polémica al decidir abrir un arbitraje para los inversores en productos híbridos de Bankia para que de esta forma, y cito textualmente titulares de la prensa, “cobren casi todo lo invertido si hubo mala comercialización”.
No soy más que una humilde voz, un libre pensador del que se presupone que no debería saber más que todo un ministerio rebosante de funcionarios de “carrera y vocación”, pero como dispongo de este modesto púlpito de opinión voy a hacer uso del mismo para expresar mi profundo desacuerdo con este tema particular que son las preferentes que pone colofón a un año pletórico de medidas la mayoría de ellas, siendo lo más políticamente correcto posible, cuando menos cuestionables. Y ya anticipo que mis conclusiones no van a gustar.
La decisión de articular un procedimiento de arbitraje exclusivo para afectados de Bankia, muy similar a los aplicados en otros bancos nacionalizados, no solo no corrige la insistente socialización de pérdidas en que se ha convertido la reforma del sistema financiero sino que hace más evidente que las decisiones tomadas por dos gobiernos de tan distinto calibre económico, han pasado por el mismo aro de la planificación central. Nacionalización y socialización. Se dan cuenta de los términos, ¿no? Todos pagamos igual, tanto los que incurrieron en pérdidas por sus inversiones como los que decidimos mantenernos al margen de lo que era evitable. Resulta muy evidente que buscar una compensación para un inversor, luego entraré en la interpretación de la praxis comercial, supone en la práctica trasladar la pérdidaconsumada de un inversor soberano en la toma de decisiones a los contribuyentes.
No bastó con nacionalizar la banca más descompuesta sino que encima los costes del rescate y su capitalización los tendremos que pagar todos cuando, siendo entidades privadas de pleno derecho, son ellas mismas y sus inversores los que deberían asumir las consecuencias de su desmoronamiento. Exactamente lo mismo que han sufrido consumidores afectados en otras industrias y sectores. Es rotundamente falso y además tendencioso aludir a que dejarlas caer hubiera sido peor.
El arbitraje al que se recurrirá tendrá que demostrar que hubo una mala praxiscomercial, es decir, que entre el vendedor y el comprador hubo elementos que a juicio de un tercero sean suficientes como para determinar nula dicha relación contractual y además exigir una compensación. Por supuesto que hay casos flagrantes. Hace unos días, en un programa de radio en el que yo participaba, llamó un invidente que compró preferentes y aludía que por motivos obvios no pudo leer el contrato. Aunque sea difícil dejar de lado la cuestión moral, quién tiene razón ¿El afán de una entidad que por crecer induce a que empleados sin suficiente formación vendan productos complejos o el inversor que en su desconocimiento del producto se deja asesorar y firma algo que no entiende? No quiero ejercer de abogado del diablo pues si tuviera que hacerlo me pondría del más débil, que son las víctimas, pero eso sería lo fácil y lo que no quiero es banalizar una errónea decisión que afecta a una sociedad entera distinguiendo buenos de malos. A estas alturas queda bastante clara su respectiva identificación.
Por supuesto que hubo mala praxis en esa venta que comentaba, como en otros tantos flagrantes casos, pero es que la hubo en la inmensa mayoría. ¡Pero qué narices, con perdón, esperan que diga la gente en su defensa! ¿Y los empleados que desconocían el producto? Pues igual. Menudo papelón tiene el árbitro de esa contienda.
El hecho es que se va a trasladar el coste de compensar a esos inversores de Bankia, que representan unos 4.000 millones de euros entre subordinadas y preferentes, a contribuyentes que nunca firmaron esos productos ni participaron de ese proceso. Esto no es sino parte del gravísimo error que ha sido rescatar la banca con dinero público a través de un bail out, es decir, el rescate gubernamental de un sector contribuyendo a la generación de más deuda y déficit cuando debería haber sido unbail in, es decir, una regeneración interna en la que se trasladase el coste íntegramente a los que en su momento decidieron asumirlo pues sus primas de riesgo estaban mal ponderadas o simplemente porque despreciaban el riesgo. A este respecto recomiendo encarecidamente la lectura de Una alternativa liberal para salir de la crisis, de Juan Ramón Rallo, un libro imprescindible.
Pero es que hay que ir más allá. Si se compensa al inversor en estos productos especializados demostrando la existencia de una mala ejecución comercial, se sienta un peligrosísimo precedente pues algo habrá que decir de aquellos que participaron en la propia OPV de Bankia cuando el propio ex presidente hace unos días declaró que su salida a Bolsa fue precipitada. Vamos, que fue un tufarro con mucha mala praxis. Y qué decir del que invirtió en un producto estructurado pensando que compraba una cesta de valores y lo que hacía era invertir en un complejo esquema de futuros y opciones financieras que no ha funcionado como le prometieron. O de la firma de hipotecas en divisas (las famosas hipotecas en yenes o en francos suizos), o en obviar en el asesoramiento de una hipoteca la existencia de un suelo, o en la aplicación sistemática de comisiones abusivas de tarjetas, y que me dicen de las vinculaciones obligatorias de producto con los préstamos… ¿Quieren que siga? Pues claro que ha existido una incorrecta función en el asesoramiento que requieren muchos inversores cuyo grado de conocimiento está totalmente alejado de lo que se espera de estos productos.
Pero nada de eso justifica que sean los contribuyentes los que de nuevo tengan que soportar un nuevo coste por rescatar ahora a inversores privados, algo que por cierto contraviene uno de los puntos más destacados del Mecanismo de Entendimiento con Bruselas que articula el propio rescate de la banca. Hay dos grandes bancos en España que recientemente han dado ejemplos sobrados de bail incon pérdidas ocasionadas a sus clientes por mal asesoramiento. No cito las entidades pero eso fue lo que ocurrió con el caso Madoff, algunas inversiones en la quebrada banca americana o sucesos acaecidos con sus fondos inmobiliarios, que muestran lo que es cargar el coste a los fondos propios y asumir las pérdidas, clientes, entidad e inversores.
Creo que está suficientemente clara la gravedad del problema. No trato ni muchísimo menos de negar el amparo a aquellos afectados cuyos casos sean flagrantes. Para nada. Al contrario, siempre me he solidarizado con ellos porque es un tema que se veía venir de lejos por cuestiones que no vienen al caso. Nunca negué asistencia u opinión a los que en su momento me la pidieron. Pero lo que no se puede justificar bajo ningún concepto es que la negligencia de una entidad privada se traslade al conjunto de unos contribuyentes que ya estamos siendo suficientemente expoliados por un gobierno caprichoso que se jacta públicamente de un falso liberalismo y que actúa cada vez más como un ciego en una fábrica de porcelana buscando desesperadamente la puerta de salida.
¿Saben lo que creo? Que esta es otra cortina de humo ante un muy complicado inicio de año que vendrá repleto, mucho me temo, de pésimas noticias. ¿No me creen? Esperen a ver… Feliz año nuevo a todos.



La marginación del inversor en Bolsa


Bien es sabido que en toda crisis, por encima de lo que en buena lógica debería ser una prioritaria búsqueda de soluciones, lo más importante es asignar culpabilidades. En esa búsqueda de responsables nuestros iluminados políticos siempre han argumentado que ellos se encontraron esto así y que nada se les podía achacar, por lo que decidieron señalar con dedo acusador a esa cosa tan etérea para la gente corriente que son los mercados. Por ello, se les ocurrió que una vez estigmatizados esos avariciosos inversores que forman parte de eso llamado “los mercados”, el siguiente paso era ir contra ellos y contra sus principios de inversión. Y como prohibir es algo más propio de la oposición y además está muy mal visto en su intelectual establishment, se ha optado por una táctica más explícita que práctica como es desincentivarles poniendo todo tipo de trabas en forma de mayor regulación, supervisión, y cómo no, más impuestos. Es ese último punto quizás el más controvertido, pues una de las propuestas más activas ha sido la de elevar la fiscalidad de la inversión hasta lo insoportable. Vamos a ver cómo será 2013 para los que quieran, mejor dicho puedan invertir y participar de las oportunidades que ofrecen “los mercados”.
Si se pudiera hacer un ranking de más a menos ventajosa fiscalidad, las acciones coparían el último lugar. Se podría decir que tiene sentido pues en el orden de prelación de los inversores, los accionistas son los últimos y por tanto los que mayor riesgo asumen y los que menor protección tienen. Sólo la liquidez les da una ventaja sobre el resto de activos pero al paso que vamos ni eso será una ventaja. Si simplificamos al máximo las opciones de inversión ya de entrada existe una clara discriminación para la renta variable. Los bonistas, los inversores en deuda soberana o corporativa, no sufrirán los efectos de la Tasa Tobin, cuyo objetivo, además de puramente recaudatorio, es marginar las transacciones de un libre mercado afectando por tanto a la liquidez de aquellos que compren o vendan títulos de empresas cotizadas con capitalizaciones todavía por definir. Si tomamos como referencia el caso francés, cuya criba se establece en los 1.000 millones de euros y la aplicamos a nuestro pobre y escuálido mercado, se puede decir que vamos finos pues la negociación se concentra en no más de diez o quince valores a los que ahora se les pondrán un poquito más difíciles las cosas. Como si no lo tuvieran ya con la absurda, ineficaz y evitable restricción a la operativa en cortos.
Pero eso no es suficiente y además no es original pues su idea se gestó hace ya varias décadas. Como el descontento social sigue creciendo había que reforzar la lucha y para ello se decide elevar la fiscalidad de las acciones, nuevamente con agravio comparativo, para que quede claro que se está comprometido en la lucha.
De esta manera comprar y vender acciones de una misma compañía estará penalizado con una elevación del tipo impositivo que pasa de un esquema progresivo con un rango definido a otro en el que se pagará el tipo marginal del contribuyente. De esta forma, la tributación se situará como mínimo en el 24,75% y como máximo en el 52%, es decir, se incrementa entre un 18% y un 93% la tributación de las plusvalías generadas siempre y cuando éstas se realicen en el año natural. Así es como se lucha contra la especulación, sí señor.

Así pues tenemos un mercado de acciones que será penalizado por dos medidas intervencionistas creadas por políticos de nuevo cuño intelectual y progre, da igual su afiliación, como son prohibir y recaudar. Añadiendo por si no fuera suficiente, un agravio comparativo con la renta fija donde no hay tasas ni prohibiciones pese a ser un mercado igualmente volátil, con mucho más volumen y de igual o mayor especulación.
De esta manera nuestros políticos creen que atacan al especulador pues le prohíben ponerse corto, le incrementan las comisiones con una mordida en forma de tasa y le hacen pagar más impuestos. Uno no sabe si son ilusos o ignorantes. La esencia de esas medidas no solo afecta a un mercado en esencia libre sino que además afecta a un perfil de inversor que se ubica en la clase media, con capacidad de ahorro que además contribuye a formar el entramado de accionistas tan necesario para que el mercado bursátil tenga sentido. La venda no les permite ver que los especuladores operan con vehículos fuera de su radar, pues lo hacen a través de sociedades primadas fiscalmente si se comparan con el inversor corriente a las que, vaya por Dios, no se les ha ocurrido mirar de inicio. Por cierto, algunos de estos especuladores son los mismos a los que incentivan para que repatríen capitales con una amnistía fiscal, medida otra vez ridícula.
Ah, y pobre de este inversor como sea catalán pues la tributación de sus plusvalías se elevará en más del 100%. Porque aquí la cosa sí que tiene guasa ya que estamos en la segunda región del mundo por detrás de Suecia con mayor presión fiscal a las rentas del trabajo. Pobres los que hereden carteras de valores, pues pagarán sucesiones. Y que no sean altos patrimonios, pues pagarán otro impuesto Mas. Esto es como lo del coche que te toca en un sorteo, que lejos de hacer un favor acaba por hundir el presupuesto familiar cuando se descubren los impuestos y la falta de liquidez que conlleva. Es que ni sentarse a tomar una Coca Cola y ver las cotizaciones en una pantalla en plan miranda, ya que eso también tendrá ahora un mayor coste pues esa bebida se pagará más cara que en otras comunidades por los impuestos que sufre.
Estos días que tanto se analiza el debate del precipicio fiscal americano, cuya referencia tampoco es demasiado válida pues lo que subyace detrás de las negociaciones es otra vez un interés partidista y electoral, no puedo evitar pensar la falta de responsabilidad que hay en este país en torno a la toma de decisiones y al hecho de que cada una de estas medidas siguen escondiendo lo realmente importante, lo mal construida que está España.
Feliz 2013 (pese a los impuestos)